
"Vine de Bélgica para dedicarme al tango, que en ese entonces
dirigía el gran maestro Emilio Balcarce. Me gusta el tango porque
hace las cosas más fuertes. Si estás bien, te sentís mejor. Y si
estás mal, te hace sentir peor".
"El tango es tan fuerte que yo improvisaba en Japón con saxo, batería y bajo eléctrico.
Al tiempo, me empezó a interesar el tango tradicional. Ahí tomé la decisión de venir a Buenos Aires. Vine por unos meses y terminé dos
años estudiando en la Orquesta Escuela de Tango. Fue una experiencia extraordinaria".
"Yo era autodidacta, había tomado unas clases con Rodolfo Mederos, pero muy poco. De todas maneras fuí a la prueba, toqué y quedé. Pero más que ponerme contento, ahí sentí que asumía una responsabilidad, que era una oportunidad para estudiar con tipos grosos, porque uno llega a Buenos Aires un poco achicado, sobre todo en temas de tango”.