Preservacion
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arreglos originales

A partir de los años ‘10 y comienzos de los ’20, nuevas camadas de músicos con formación musical se acercaron al tango y plantearon un nuevo modelo formal sobre el cual desarrollar su creatividad musical: El arreglo. A partir de entonces los conjuntos de tango –al menos aquellos alineados en una búsqueda inclinada a la evolución musical- tocarán en base a arreglos musicales en los que se pautase de antemano qué tocar, nota por nota, instrumento por instrumento. Así, poco a poco el tango se convirtió en una música elaborada y compleja, basando el desarrollo de su lenguaje musical en un modelo arquitectónico tomado de la música clásica.

Esto sucedió de la mano de los arregladores, esos verdaderos arquitectos del sonido capaces de crear -a partir de composiciones propias o ajenas- nuevas sonoridades e ideas rítmicas desde la simple punta de un lápiz.

En la rica historia del tango, los arregladores cumplieron –y aún cumplen- un rol fundamental. Es cierto que lo primero es la composición, sin embargo un buen arreglador es capaz de transformar una obra mediocre en una interesante y de valioso contenido musical. Un arreglador puede embellecer una partitura con ideas propias, modificando la armonía original, eligiendo la instrumentación y hasta agregando nuevas melodías. Claro que a veces no hace falta cambiar nada, hay obras con tanta riqueza musical y personalidad que resultan de alguna manera definitivas.

Entre los muchos arregladores importantes de la historia del género, todos nombramos a Argentino Galván y Héctor María Artola como los dos grandes pioneros y decanos en este campo pues ayudaron a formalizar un modelo desde entonces utilizado por todos. Como escribió el historiador Luis A. Sierra, “Héctor María Artola y Galván llevaron el tango a los atriles”. Claro que no hay que olvidarse de quienes dieron los primeros y fundamentales pasos aún antes de los arregladores : músicos como Roberto Firpo, Juan Carlos Cobián  y Francisco y Julio De Caro son protagonistas centrales de aquella primera revolución musical del tango en las primeras décadas del siglo XX.

Dentro de la llamada “época de oro” hubo arregladores que aportaron novedosas ideas, enriqueciendo así el lenguaje musical del género hasta convertirlo en un universo infinito, elaborado y lleno de buena música. Entre muchos otros, se destacaron como arregladores Horacio Salgán, Astor Piazzolla, Emilio Balcarce, Ismael Spitalnik, Armando Pontier, Héctor Stamponi, Julián Plaza, Oscar de la Fuente, Mario Demarco, Osmar Maderna y Eduardo Rovira. Todos –cada uno a su tiempo y con su propia personalidad- aportaron elementos originales que poco a poco se fueron incorporando al lenguaje del género. Toda esta información –escrita hasta hoy en grandes partituras también llamadas “masters” o “scores”- es a su manera la verdadera memoria de este arte tan elaborado. Si pensamos que los libros constituyen buena parte de la memoria de un pueblo, entonces las partituras con arreglos originales son sin dudas una parte fundamental de la memoria del tango.



Lamentablemente poco ha sobrevivido de este valiosísimo patrimonio. La falta de visión de muchos de los propios arregladores, el desinterés generalizado y la despreocupación total de buena parte de los entes estatales hacen que hoy nos lamentemos por tanto material y tiempo perdido. Sin embargo, hay aún una pequeña luz de esperanza entre tanta desprotección patrimonial. Numerosos coleccionistas –héroes anónimos- llevan más de 60 años protegiendo este legado.

Desde 2000 en adelante, el equipo de TangoVia Buenos Aires –primero desde un esfuerzo individual y luego a través de un ordenado y comprometido trabajo en equipo- trabaja en la detección, obtención, digitalización y catalogación de archivos personales de partituras. Estamos hablando básicamente de partituras que permanecen ocultas en cajas, valijas, armarios o áticos de viejos músicos, sus familiares, sus amigos, coleccionistas y todo tipo de cambalaches y mercados de pulgas. En otras palabras: una búsqueda verdaderamente arqueológica.

Tras un exhaustivo trabajo de recuperación que lleva casi ya 10 años, nuestro archivo de partituras -único en el mundo- cuenta hoy con más de 700 arreglos originales para orquesta típica y más de 600 para bandoneón solo. Un resultado tan extraordinario como estimulante. Al mismo tiempo, hemos logrado rescatar y transcribir numerosos arreglos para piano solo, guitarra solista, cuarteto, quinteto y octeto entre muchas otras formaciones características del tango. El archivo ha logrado reunir en un mismo lugar material tan disímil como interesante: desde arreglos originales del septeto del bandoneonista Adolfo Perez “Pocholo” hasta la versión original de “La bordona” que Emilio Balcarce escribió para la orquesta de Aníbal Troilo.

Arreglos para orquesta típica: además de contar con más de 200 arreglos originalmente escritos por arregladores como Héctor Stamponi, Argentino Galván, Astor Piazzolla o Tití Rossi para ediciones producidas por las viejas editoriales, tenemos también una importante selección de “scores” originales de orquestas como las de Alfredo Gobbi, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Horacio Salgán y Juan D’Arienzo entre muchas otras. Además, contamos con cientos de arreglos originales de grandes músicos de la actualidad, desde Néstor Marconi, Raúl Garello y Julio Pane hasta Mauricio Marcelli, Víctor Lavallén, José Colángelo, Andrés Linetzly y Ramiro Gallo.
Al mismo tiempo, gracias a la generosidad y apoyo de sus familias, en los últimos años hemos logrado digitalizar los archivos de Armando Pontier, Julián Plaza, Ismael Spitalnik y Emilio Balcarce. A sus familiar le agradecemos profundamente su colaboración en esta importante obra de preservación y divulgación.

Archivos para bandoneón: tras años rastreando a los bandoneonistas arregladores y sus familias, y gracias al valiosísimo aporte de los coleccionistas Carlos De Arriba y Tito Valarino, logramos reunir más de 600 arreglos originales para bandoneón solista, cubriendo así una amplia gama estética y con distintos niveles de dificultad técnica. Contamos con arreglos de bandoneonistas famosos, tales como José Libertella, Néstor Marconi, Leopoldo Federico y Julio Pane. Pero también obras escritas por otros menos conocidos como Daniel Lomuto, Eladio Blanco, Marcos Madrigal, Calixto Sayago y hasta rarezas tales como un arreglo del tango “El ciruja” escrito por su propio compositor Ernesto de la Cruz o un arreglo de “Volver” escrito por Horacio Salgán. Y por primera vez reunidos en su totalidad, aquí están todos los arreglos escritos por Máximo Mori, verdadero maestro en el arte de escribir para este instrumento.